El Rincón del Pensamiento

Lombardía Italiana


Mi primer paseo por Italia.

Pensé que lo primero que vería algún día sería Roma… Venecia… Florencia, por favor. Pues no: Más al norte. Milán para ser exactos. Y con ello la zona de Lombardía.

Aunque la idea principal era conocer Milán, sinceramente me quedo mejor con la zona de montaña. Milán está bien. Es bonito. Es la GRAN CIUDAD de la MODA. Pero quizás por la época del año, quizás por el poco tiempo… esperaba más. El famoso Duomo, por dentro me decepcionó bastante. Eso sí, por fuera es único. Y poder subir a su techo fue una maravilla… pero poco más.

Lo único ciertamente que sí no esperaba ver de Milán, ha sido a mi florentino favorito. De ahí que Florencia sea la ciudad italiana con más ganas de ver. En Milán, también se le tiene un gran aprecio. Y no es para menos. Leonardo Da Vinci, vivió allí durante un tiempo. Y dejó allí una de sus obras más importantes, y que para poder visitar es necesario pedir con antelación reserva, lo que supone esperas de dos y tres meses. Y tuve la suerte… de no tener que esperar.

En el refectorio del convento de Santa Maria delle Grazie está la que sin duda era, y ahora será para siempre, la mayor sensación de vida que he sentido hasta ahora. Puede parecer absurdo, pero es así. Tengo la suerte de poder visitar el Prado cuando quiera, y de poder ver cuadros y obras de arte únicas… Pero poder estar sentada, con tan sólo veinticinco personas más, mirando, deleitándome, y sintiendo el corazón en un puño viendo ante mi “La Última Cena“, será algo que recordaré el resto de mis días. Mucho tendré que ver de otros lugares y de otros autores (también pude ver el famoso “El Beso” de Hayez que me encantó sin llegar a alcanzar el recogimiento que me dió poder contemplar el fresco de Leonardo)

Destaco también algo más de Milán: su comida. Aunque esto no tiene demasiado mérito, aún no he pisado ningún país donde no haya comido bien, la verdad.

Dejando a un lado Milán, me quedo sin duda con la visita de un día (medio día para ser exactos) de las orillas del Lago Como. El viaje se hizo en nada, está muy cerca. Y estar a los pies de los Alpes, aunque éstos sean sólo su comienzo… siempre es increíble. El lugar me recordaba bastante a los Cantones de Suiza, pero menos alto, menos sombrío… y con más luz. Lo recomiendo, si es posible por tiempo haciendo el crucero, y si no es posible como fue mi caso: usando el funicular que sube de Como a Brunate, pero visitar allí su faro y tener una vista de toda la zona. Es un lugar único. Porque sí, hay un faro… algo que jamás pensaría que pudiera encontrar en mitad de las montañas más increíbles de Europa.

“Allí, como si hubiera sido acabado la noche anterior. Allí, tan vivo… que era posible ver a cada persona hablarte desde el fresco donde un día su mano logró dejar para la eternidad sus trazos”

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