El Rincón del Pensamiento

Can You See Anything?


Howard Carter

Howard Carter

Yes, wonderful things.

Esta fue la respuesta que dio Howard Carter, a sus compañeros de excavación el día que localizaron la tumba de faraón Tutankhamón en el Valle de los Reyes, tras lograr alcanzar el fondo de ésta y poder echar un primer vistazo a un lugar que hasta ese momento no había sido pisado por el hombre durante 3270 años. O eso creyeron en un principio, dado que se descubrió que realmente sí había sido profanada por ladrones al poco de ser enterrado. Aunque ciertamente, su expoliación fue menor a cualquier otra tumba del Valle de los Reyes en Egipto y sus descubridores pudieron rescatar gran cantidad de material de su interior. Sobre todo del propio lugar donde descansaba el faraón que no había profanado anteriormente por nadie.

Si por algo siempre he admirado a éste inglés es porque, aunque hizo uno de los descubrimientos más importantes del siglo XIX en Egipto, cuando ya se creía que no había nada que sacar de allí, lo hizo siguiendo un camino bastante poco común. No era un experto. Al menos no cuando llegó a Egipto con 17 años. Lo que se le daba maravillosamente bien al futuro descubridor de la tumba del rey niño, era dibujar. Su don le llegó heredado, y cuando se vio que tenía talento, se le envió al país de los faraones para precisamente dibujar todo aquello que otros arqueólogos de renombre sacaban de sus excavaciones. Así fue como Howard Carter se enamoró de aquella profesión. Cómo aprendió de otros de forma autodidacta, y como un día, le fue entregada la posibilidad de poder realizar sus propias excavaciones. Y fue respetado, aprendiendo en el terrero desde el momento en que pisó la tierra de los faraones.

Carter, Carnarvon, & Team Outside Tut's Tomb

Howard Carter, junto a Evelyn Herbert y Lord Carvarnon, así como el resto de ayudantes de Carter en el descubrimiento de la tumba de Tutankamon

De dibujar lo que otros sacaban de las arenas del desierto como Flinders Petrie, o Auguste Mariette, pasó a saber restaurar aquellas maravillas de la historia. Aprendió la lengua de los faraones de un lingüista como Alan Gardiner, toda una eminencia de la época, que estuvo presente en su descubrimiento años después. Y aprendiendo de ellos pasó a ser  inspector de Antigüedades. Cuando consiguió ese puesto, un noble también inglés puso sus miras en su trabajo, y decidió financiar la posibilidad de seguir sacando del suelo tebano, la riqueza que un día los faraones enterraron bajo su arena.

Un 4 de Noviembre de 1922 Carter lograba localizar la tumba de un faraón que hasta ahora, era prácticamente desconocido y todo un misterio. Junto a él, Lord Carnarvon y su hija Evelyn Herbert, inseparables en esta búsqueda lograron alcanzar la cámara funeraria del faraón totalmente intacta y abrirla al mundo el 16 de febrero del 1923, tras una limpieza absoluta antes de la zona, así como catalogación como jamás se había hecho hasta ahora de una tumba faraónica.

Howard carter y Evelyn Herbert en la tumba del rey Tutankamon

Siempre he tenido precisamente esto en mente. Desde que descubrí que había personas que habían podido llegar a ver no sólo sitios ocultos maravillosos, sino hacer posible desvelar misterios del pasado, buscando en su presente, para pisar por primera vez ciudades enterradas, asentamientos antiguos, o tumbas, como es este caso por primera vez en siglos. Y sin necesidad de tener que haber aprendido una carrera para alcanzarlo. Porque precisamente Howard Carter, con sólo 17 años, sólo sabía dibujar. Ciertamente muy bien, está claro. Pero todo lo que aconteció después se lo ganó a pulso aprendiendo de forma autodidacta. Y no sólo él, también Evelyn Herbert que como mujer, estar ahí ya era un triunfo. Un dibujante con un don especial para plasmar en papel aquello que veían sus ojos. Y dibujante que acabó teniendo el respeto de todo aquel que se preciara en la época de ser arqueólogo. Y que hoy en día, es recordado como tal.

Y descubrir cosas maravillosas… Completar esa línea en la historia antigua que aún queda por rellenar. Porque no todo está descubierto. Carter demostró a la gente de su época que ya no daba nada por lo que pudiera sacarse del Valle de Los Reyes, que aún había mucho que aprender de Egipto.

A día de hoy, aún hay muchos espacios en blanco de su historia. Y como una vez alguien me dijo: “Egipto dejará de ser un misterio el día que se haya extraído toda la arena que la cubre. Es cosa de una buena escoba”. Y arena tiene mucha.

Aprovecho para recomendar el nuevo libro (bueno, no tan nuevo, se publicó en 2012) de otro de mis autores favoritos en estos menesteres. He leído todo lo que ha escrito desde que comenzara su carrera. Amante incondicional de Egipto, su último libro, por primera vez, se centra en contar en formato novela (algo que hasta ahora con sus libros sobre Egipto no ha ocurrido nunca) precisamente lo que Howard Carter descubrió en 1922. La tumba de Tutankhamón. Nacho Ares, su autor, nos lleva a la época en que Carter echa ese primer vistazo al otro lado de un muro blanco un 26 de noviembre de 1922. Su preámbulo te traslada justo a ese momento, en el que hace un agujero en él, y mira lo que durante siglos lleva escondido al otro lado. Así se hizo historia, y así comienza su relato.

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2 comentarios

  1. Hola Liz,

    ¡Excelente articulo!

    Wonderful things. Pocas veces se ha dicho tanto con solo dos palabras.

    Precisamente, ayer comencé la lectura de “La tumba perdida”. Por ello, no he podido evitar una sonrisa al leer el último párrafo que has escrito.

    Por cierto, estoy preparando un nuevo blog dedicado al Antiguo Egipto. Mi intención es comenzar a publicar en unos pocos meses. Se aceptan colaboraciones. 😉

    Un saludo

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    abril 25, 2013 en 12:40 pm

  2. Liz

    Gracias por pasarte Maño.

    Parece que arrancamos a la vez el mismo libro entonces xD Super recomendadable, como todo lo de Nacho Ares. Aún recuerdo el primer libro que leí de él “El Guardián de las Pirámides” Lo pasé en grande.

    Egipto… Es esa aventura que todo niño quiere un día ser cuando le enseñan en los libros del colegio lo que la arqueología ha descubierto. O al menos ese era mi caso. Al final todo se quedó en autodidáctico, pero no cambio por nada esa sensación de estar descubriendo algo inédito cuando tuve la oportunidad de aprender la lengua de los faraones y que despertó la misma sensación infantil de cuando abría libros llenos de imágenes de tesoros ocultos bajo la arena del Valle de Los Reyes y las Reinas. Eso es lo más cerca que estaré de Kemet, atrás quedó mi corazón “a modo Howard Carter”.

    Sin duda seré una de las primeras en visitar ese nuevo rincón. 😉

    Me gusta

    abril 25, 2013 en 1:24 pm

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