El Rincón del Pensamiento

Dos siglos de Wagner


Despertaba pasión y polémica… O se le amaba o se le odiaba.

Se cumplen doscientos años del nacimiento del compositor de óperas que a todo el mundo seguro le suena.

Cuando yo pienso en Wagner, no sólo me vienen a la cabeza nombres como: “El anillo de los Nibelungos”, “Tannhäuser” o “Tristan e Isolda”… Me viene a la cabeza un lugar creado prácticamente entero pensado en él y esas historias llevadas a música celestial que fueron sus obras. Pero para poder explicar esto, hay que contar un cuento. Asi que…

“Érase una vez… en una hermosa montaña, un precioso castillo enclavado en ella. En él vivió un rey, uno que amaba tanto lo que hacía, y amaba tanto a su músico favorito, que decidió construir el castillo más hermoso que imaginó y llenarlo de estancias repletas de todas aquellas pinturas, mosaicos y tapices que sus artesanos pudieran crear sobre las obras de su amado músico”. Podría parecer el comienzo de una historia al más puro estilo Walt Disney, pero no lo es. Sigo con mi cuento…

“Los súbditos del rey, viendo el derroche que éste hizo para construirse aquella morada, trataban por todos los medios de desprestigiarle, y no dudaron un momento en acabar apodándole “El loco” creando a su alrededor historias para fomentar aquello. Pero el rey sólo quería llenar su soledad y la tristeza que le provocaba su frío entorno de esa forma por lo que quiso construirse aquel lugar. Nadie le apoyaba, sólo el pueblo veía en aquel lugar construirse poco a poco la que parecía ser la residencia más hermosa de su soberano, así como su prima, que quería muchísimo a su adorado primo y se veía muchas veces identificada con su amor a las artes y las letras, sabiendo que era un incomprendido por la gente de la corte, como le ocurría a ella.

Y para cuando el castillo aún no había estaba finalizado su idolatrado músico falleció y ni siquiera pudo ver terminada su obra. Y el rey sintió muchísimo aquella pérdida. Y un día, y a una temprana edad, aquel rey querido al final por su pueblo aunque no tanto por los que le rodeaban en la corte, falleció a temprana edad en circunstancias bastante sospechosas: ahogado en un lago. Y tampoco pudo ver acabada su obra por dentro, aunque el castillo en sí estaba construido por completo, e incluso había podido pasar un tiempo viviendo en él”.

Y al final sólo pudo residir en él 172 días. No todos los cuentos han de tener un final feliz ¿no? Y éste es un cuento real, de una persona real y de un sitio también totalmente verídico. Al músico amado por el rey ya le he nombrado: Richard Wagner. El rey, era el monarca bábaro Luis II, y la prima de éste, la emperatriz Elisabeth de Austria, mayormente conocida como Sissi. Y el castillo, también real, es el Castillo Neuschwanstein en Füssen, Alemania. Toda una joya, enclavada en la montaña, entre el bosque y el cielo, que con absoluta seguridad alguien loco, jamás hubiera podido llevar a cabo. Aquel, como su prima, llegó a odiar las intrigas palaciegas, las guerras entre países por un control absurdo donde sólo los más débiles sufrían. Por ello, se volvió un rey solitario, dentro de su propio mundo, uno en el que las óperas de Wagner eran su fondo musical, donde todo era noble y bello, y de esa nobleza y belleza quiso rodearse. Y sin duda lo consiguió.

Cada rincón de ese castillo, es más bello que el anterior. Y los anteriores son hermosamente bellos.

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El rey mandó dibujar a varios artistas todas las habitaciones. En la antesala de la habitaciones del rey y el vestíbulo del tercer piso, aparecen escenas de “La leyenda de Sigfrido”, y de “El cantar de los Nibelungos”, que Wagner usara para su ópera “El Anillo de los Nibelungos”.

La sala del trono es algo que jamás he visto en ninguna otra parte ni remotamente parecido. Se pensó en ella como si se quisiera construir una basílica. En el lugar del trono está el ápside, que nunca llegó a terminarse porque el rey falleció antes. Aparecen imágenes de la lucha de Sigfrido con el dragón por ejemplo, la lucha eterna entre el bien y el mal forman parte de sus paredes. El suelo del la sala está repleto de hermosos mosaicos simbolizando la vida de animales y plantas en la tierra.

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En el comedor, pueden contemplarse escenas del castillo de Wartburg durante la competición de los trovadores que el propio Wagner usara para su ópera sobre la “Leyenda de Tannhäuser”. Allí aparece representado Parsival e imágenes del poema medieval. También en el despacho del rey aparece la leyenda de Tannhäuser, poeta y trovador errante, así como la antecámara o también llamada la sala de los cantores donde posee pinturas de este famoso trovador. En Alemania es muy famoso, y en la Edad Media, este personaje viajaba acompañado de su violín de castillo en castillo.

Es también precisamente en la sala de los cantores donde además aparecen dibujadas las leyendas dedicadas en la Edad Media al Grial como en Parsifal y su padre Lohengrin, conocido como el Caballero del Cisne. Para recrear ésta obra se pensó en la llamada gruta de Venus, una gruta subterránea  con un lago navegable una cascada y una luna artificial. Como el diseño original era enorme, se dejó en el castillo una réplica más pequeña recreando esta gruta en otro castillo del rey.

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El lugar más hermoso sin duda, es el lugar donde el rey dormía. Toda la estancia de su cuarto está tallada en madera de roble de estilo post-gótico, y su gigantesca cama poseía un baldaquín gigante. Todo el cuarto posee murales de escenas de la leyenda de Trista e Isolda, también usado por Wagner en su ópera. Fue precisamente en esta maravillosa habitación donde los médicos le dijeron al rey que había perdido el juicio, declarándole por tanto incapacitado para reinar.

La llamada sala de fiestas y conciertos, ni siquiera llegó a ser utilizada por el rey, dado que se estrenó mucho después para festejar el 55 aniversario de la muerte de su músico favorito.

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Y aun así, le tachaban de loco. Alguien capaz de realizar en aquella época un lugar de ensueño… y moderno para aquel entonces. Todo el castillo tenía luz eléctrica, agua corriente, y una cocina que aprovechaba el calor por medio de un sistema sacado de bocetos del mismísimo Leonardo Da Vinci, así como el que podría ser sin duda el primer teléfono móvil, con una cobertura de seis metros. Y sí, hablamos del año 1886 cuando oficialmente se dio por finalizado.

Un niño que con seis años vio en su padre Maximiliano II, alguien a quién admirar cuando adquirió un castillo repleto de pinturas de la leyenda del “Caballero Cisne” y que desde ese momento sólo pensaba en construir él mismo con sus manos sus propios castillos, repletos de las mismas maravillosas leyendas donde escenificar a su héroe favorito, bautizando aquel castillo precisamente con el nombre de su ave voladora favorita precisamente por esa leyenda, el Cisne.

Y por creer en cosas hermosas, y soñar con ellas para hacerlas realidad… Le llamaban loco.

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