El Rincón del Pensamiento

En busca de un misterio (1ra parte)


El Banquete de Cleopatra – Gérard de Lairesse

Son muchos los misterios de la historia que se mantienen hoy día como leyendas, esperando ser descubiertos. A pesar de la Era tecnológica en que vivimos, de los adelantos de todo tipo de materias y campos, hay cosas que permanecen a la espera de que alguien, con afán aventurero y  sabedor de buscar la verdad, lo encuentre.

Más allá de Indiana Jones o de Lara Croft, siempre he pensando cuando con paciencia me enseñaban en el colegio Historia Universal, que algún día, yo podría ser una de esas personas. O que si el destino hiciera que no fuera así, al menos participaría en un evento de tales características, aunque fuera desde detrás, en las sombras. La verdad es que me conformaba como verlo.

Durante años, he leído todo lo que ha caído en mis manos sobre esos grandes “doctores Jones” de la historia real. Nombres con Howard Carter, Champollion, Schliemann o Petrie por poner algunos ejemplos básicos de nombres que seguro a todos nos suenan. Todos ellos comenzaron con un sueño, lucharon por un objetivo y acabaron formando parte de la historia con sus descubrimientos.

Con el tiempo y la madurez… acabaron siendo para mí héroes en sus diferentes pedestales, y yo simplemente una ávida lectora de todas esas grandes historias. Y el tiempo, inexorable… sigue pasando.

Cleopatra- John William Waterhouse

Cleopatra- John William Waterhouse

Si cuento todo esto, es porque recientemente (cosa de hace varios meses ya, la verdad) y leyendo sobre una de las mujeres más importantes y enigmáticas de la historia de Egipto, llegó hasta mí un nombre. Pero todo a su tiempo. Comencemos por el principio que me llevó a este increíble encuentro.

Uno de esos misterios aún por desvelar precisamente, es la localización de la tumba de la archiconicida reina Cleopatra. Cuando mencionamos su nombre, seguro nos viene a la mente, Egipto, el cine, oro y lujo. También el amor, y la muerte. La verdad es que todo lo que rodea a la que sería la última Reina del Antiguo Egipto de la llamada dinastía Ptolomaica, es muchas veces leyenda. Pero toda leyenda ha sido historia en algún momento de alguna forma, de eso estoy completamente segura.

Por escritos antiguos, se sabe que Cleopatra VII fue una mujer con una gran cultura que llegó a aprender nueve idiomas, entre ellos el idioma egipcio de sus antepasados, además del griego, el hebrero, el sirio, el arameo y el latín entre otros. Fue instruida además en literatura, matemáticas, música, ciencias políticas, astronomía y medicina. Heredó el trono de Egipto cuando contaba con tan solo 18 años, junto a su hermano Ptolomeo XIII, de 12 años, que además era su esposo. Descendiente de reyes griegos (recordemos que su dinastía fue arrancada por uno de los generales de Alejandro Magno, Ptolomeo I Soter), subía al trono de Egipto, el país que la vio nacer, y acabó conviritiéndose en su reina, y lo hizo como mujer algo que en la historia de Egipto se pueden contar con los dedos de la mano. Según el historiador Plutarco, la reina era refinada y de modales dulces, además de poseer una sugerente voz que la hacia muy seductora.

La época que le tocó vivir a Cleopatra no fue precisamente fácil. Su padre, como rey no había sido precisamente querido dados los sobornos que se sabía obtenía de la entonces poderosa Roma. Para colmo, el país pasaba hambruna, y siempre estaba subyugado a la presencia de Roma que tenía clara visión en conquistar sus tierras por algo más que por su oro. Así que desde que se sentó en el trono, tuvo algo muy claro, sabía que políticamente debía negociar con Roma. Los dirigentes extranjeros solían adoptar las divinidades autóctonas, y Egipto no fue una diferencia. De ahí que en época de esta reina, se tuviera una religión mitad griega, mitad egipcia que ella fomentó aún más. El culto a Serapis, era uno de ellos. Dios mitad griego mitad egipcio y creado para unir ambas culturas, dado que es una mezcla entre Osiris y Apis (la forma del dios Osiris al morir, un buey). El caso, es que Cleopatra intentó por todos los medios, ser identificada como Isis.

En tiempos de Cleopatra, el culto a la diosa Isis llevaba siglos expandiéndose por el Mediterraneo. De ahí que la propia reina intentara ser vinculada a ella, y ser representada como diosa madre universal. Sus excarceos con Roma la llevaron, según los textos históricos romanos, a embelesar primero a César buscando impedir que Roma conquistara Egipto, y con quien tuvo un hijo (Cesarión), y después se enamoró del triunviro Marco Antonio (general y amigo del propio César), con quien tuvo tres vástagos más.

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Cleopatra y César – Jean-León Gérôme

Gracias a su unión a Marco Antonio, y que éste recuperó para Egipto, varios territorios además de poner a sus hijos en el trono, su país se engrandecía y Roma tenía que impedirlo.

Por todos seguro es conocido, como acabó la reina. Cuando fue hecha prisionera por Octavio (cuñado de Marco Antonio, al que odiaba por repudiar éste a su hermana con la que se había visto obligado a casarse, y tras vencerle en batalla) y viendo que el final que la esperaba era entrevistarse con un hombre frío y calculador al que no podría seducir, sólo podía verse  así misma como esclava en el reino de sus ancestros del que había sido soberana y que había llegado a engrandecer y ser tenido en cuenta como lo hicieran los faraones antepasados. Ahora su amado Egipto no era más que una provincia romana más, y su amado Marco Antonio había muerto, así que Cleopatra eligió morir y decidió suicidarse.

Hay varias versiones al respecto, una de ellas habla de la picadura de una cobra egipcia (áspid) que ordenó esconder en el interior  de un cesto de frutas que pidió traer a sus criadas. Otras versiones hablan de que sencillamente se suicidó al saber que Marco Antonio también se había quitado la vida arrojándose sobre su propia espada cuando le informaron falsamente de la muerte de ella. La verdad realmente es desconocida. Mi opinión siempre ha sido que todo en éste aspecto tiene pinta de leyenda. Como reina de Egipto, como portadora de su cultura, de sus costumbres, un suicidio era algo muy poco propio en un egipcio. Todo egipcio veía la muerte como el paso al más allá. Sólo hay que ver sus tumbas, sus cultos, para comprender como pensaban. Un suicidio, era condenarse a no poder pasar el jucio de Osiris, el dios de los muertos, y quedar condenado y perdido por toda la eternidad. Aunque cierto es, que sí se usaba como castigo, y que siglos antes que Cleopatra, Nitocris, reina como ella del país de los faraones, cerró el periódo del Imperio Antiguo con su propia muerte. Aún así, mi opinión es que la asesinaron.

De todas estas leyendas (con su posible o no transfondo de verdad) lo que sí se sabe es que la reina pidió ser enterrada junto a Marco Antonio y que así se hizo en el año 30 a. C.  cuando tenía 39 años. El lugar… todo un misterio.

Fue Napoleón en 1801, el primero que ordenó excavar a 50 kilómetros al este de Alejandría, en Burg al Arab, buscando los restos de la reina. Pero nada de lo encontrado allí lo guió a su última morada.

Desde 1996, arqueólogos submarinos han trabajado en el sitio donde descansa ahora su palacio, bajo el agua, frente a las costas egipcias del Mediterráneo, en la majestuosa ciudad de Alejandría.

Alejandría, la ciudad fundada en el 331 a.C. por el propio Alejandro Magno, ha sido el lugar donde la última reina de Egipto vivió y desde donde reinó como tal. La Alejandría de tiempos de la última reina, era una ciudad magnífica, con su faro de 130 metros de altura y su maravillosa Biblioteca de casi medio millón de papiros y que dependiendo de qué versión se lea, el propio César fue el culpable de su destrucción. Principal centro cultural y comercial del mediterráneo. Con una población multicultural de 350.000 habitantes…

El caso es que desde 1996, se piensa que el barrio real, los templos, palacios y jardines que se ubicaban en el puerto del sector de la ciudad fueron destruidos por una serie de terremotos, y los arqueólogos han localizado cada ubicación bajo el agua prácticamente intactas. Todo lo que la propia Cleopatra había visto con sus propios ojos. Los lugares por los que caminó, los lugares en los que rindió culto. Los pasillos del palacio donde amó, ordenó matar, e incluso veneró a los antiguos faraones que ahora la otorgaban su puesto al mando de un Egipto que parecía condenado como ella. Allí abajo, en las profundidades, está parte de su historia. Parte de su vida. Pero no está todo. Lo que aún no se ha localizado, es su lugar de descanso eterno.

Y en esta parte de la historia, es donde aparece el nombre de una mujer que busca precisamente a esta otra histórica mujer y del que he intentado empaparme, con toda la dificultad que ello conlleva.

Como Cleopatra, esta es la historia de alguien que con un rumbo que parecía marcado y un destino que soñaba, acabó dando un giro a su vida para alcanzar un sueño. Uno con el que por mi parte, se siento muy identificada.

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Cartucho Real con el nombre de Cleopatra VII

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