El Rincón del Pensamiento

Vencer a la muerte (2ª parte)


(1ª parte)

Hoy día, gracias a Internet puede visitarse la cuna de Alejandro Magno. El lugar donde nació, creció, se formó y se alzó rey. Donde luchó por el amor de su padre y por tratar de independizarse del amor de su madre. En este link puede visitarse el museo fundado en la ubicación exacta donde los arqueólogos han encontrado la capital que vio nacer a Alejandro Magno.

Filipo y Olimpia… el padre y la madre de Alejandro inspiraron en él muchísimo. En muchos aspectos. Su madre lo idolatraba, y su padre, aunque le veía como su sucesor, llegó a detestar tanto a su madre, que veía en él su reflejo, y eso lo odiaba.

“Algunos llamaban hechicera a su madre, la reina Olimpia. Y decían que Alejandro era hijo de Dionisos, y otros incluso del mismísimo Zeus. Pero no había hombre en Macedonia que mirara a padre e hijo, uno al lado del otro, y no tuviera sus dudas…”

Uno de los temas tratados en la vida de Alejandro Magno era el amor. Por todos es sabido que la bisexualidad era algo totalmente común entre los griegos. En el caso de Alejandro, era algo más. Amaba muchas cosas… amaba las culturas de lejanos lugares, amaba a héroes como Aquiles y Patroclo y el amor que les unía y que les llevó hasta Troya para conquistarla. La muerte que les separó y la venganza por el ser amado caído. Alejandro sentía aquello como parte de él, y su amor por Hefestión era exactamente igual al que Aquiles profanaba por su amigo Patroclo. Y Hefestion era muchas veces, su equilibro. Sólo él parecía entenderle. Posiblemente era a la única persona a la que amaba de verdad. Pero ser rey, implicaba muchas cosas que no estaban al alcance de su amor. Entre ellos, dejar una descendencia para ese trono, motivo por el cual Alejandro se casó varias veces, con varias mujeres llegando a tener con el tiempo descendencia. Pero su amor por Hefestion era sencillamente eterno.

“Dado el mundo en el que creció, he llegado a la conclusión de que fue en la amistad donde Alejandro entró en equilibrio. Más adelante si diría que Alejandro, jamás fue derrotado. A no ser por los muslos de Hefestion”.

Su educación… desde el punto de vista de la época fue también muy importante. Era culto, mucho. Tanto como para comprender el alcance de sus conquistas. Dónde podía hacer llegar su propia cultura. Como hacer que ambas coexistieran con el resto de nuevas culturas, ya fuera persa o de mucho más allá. A parte de esto, por todos es sabido que como estratega era único. Sus batallas, y la estrategia que usó en ellas, han sido utilizadas por muchos otros posteriores a él: César, Napoleón e incluso Patton pusieron en práctica las mismas venciendo.

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“Filipo invitó a hombres como Aristóteles para que vinieran desde Atenas para educar a nuestro tosco pueblo. Con paciente ambición planeó la invasión del Imperio Persa. De repente, todo cambió para él. Su padre, el rey Filipo fue asesinado. Y a los veinte años, Alejandro se convirtió en el rey de Macedonia. Entonces, rompiendo sus tratados y despreciando a Alejandro como un joven inexperto, varias Ciudades Estado griegas se sublevaron, ante el regocijo de Persia y puede que financiadas con su oro.”

Y con la traición en mente… sabiendo que su padre había sido traicionado, y asesinado subió al trono. Y sólo tuvo una idea en la cabeza, destruir a los traidores, someterlos de una vez como griegos a todos… y acabar de una vez para siempre con aquellos que alzaban al aire los gritos patrióticos mientras a su vez, aceptaban el oro del enemigo en su propio beneficio.

“Cierto es que Alejandro sabía amar como nadie, pero la traición le provocaba una grandiosa y temible cólera. Destruyó Tebas excepto los templos y la mansión del poeta Píndaro. Y vendió a los supervivientes como esclavos. Así consiguió lo que se proponía, porque sorprendió a los griegos y aunque siempre trató a la mayoría de las poblaciones con magnanimidad, hubo algunas excepciones: Tiro, Gaza y más tarde Persépolis en Persia y otras. Estos hechos son recordados por los que odian a Alejandro y lo que él representaba.

Antes de la batalla de Gaugamela, plasmada por Stone de forma tan épica, Alejandro había luchado en otras campañas para doblegar a ciudades persas haciendo que su ejército, con cada victoria, fuera más temido y mayor aún. Batallas como la del Río Gránico fue la primera, y tras ella la batalla de Issos. Ésta última fue realmente el primer enfrentamiento entre los ejércitos de Alejandro y Dario, y el líder persa huyó cuando vio a su ejército doblegarse. El rey dejó atrás a su propia familia, que fue tratada en la corte del rey macedonio, con los honores correspondientes a su categoría y como miembros de su propia realeza. Aquello era lo que marcaba en sí la diferencia.

A los veintiún años, invadió Asia con un ejército de cuarenta mil hombres bien pertrechados, y liberando una Ciudad Estado tras otra, conquistó toda Asia Occidental hasta llegar a Egipto. Donde fue entronizado como faraón, y adorado como un Dios.

Se divinizó en el oasis de Siwä, donde había un famoso templo dedicado a Amon-Ra. Allí se declaró hijo de Zeus”.

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Su viaje a Egipto casi le costó la vida, a él y a su ejército. Pero llegó al Oasis de Siwä, una villa hoy abandonada conocida como Aghurmi y donde al alcanzar el lugar, Alejandro le hizo una sola pregunta al famoso Oráculo de entonces: que si gobernaría el mundo, a lo que la respuesta que obtuvo fue que sí, pero por poco tiempo. Las ruinas del Templo del Oráculo aún están en pie hoy, aunque su preservación no es excelente. Se accede al templo escalando un camino, que rodea la montaña y llega a la cima. El templo no llega a ocupar toda la zona. Se emplaza dentro del pueblo hoy abandonado casi por completo, debido a una gran tempestad ocurrida en el año 1926.

“Finalmente Alejandro marchó contra Dario enfrentándose a él en Gaugamela, corazón del Imperio, no muy lejos de Babilonia. Era una locura. Cuarenta mil macedonios contra doscientos cincuenta mil bárbaros. Era el día que Alejandro había esperado toda su vida. Alejandro, hijo de un Dios, fue un mito, por supuesto. Al menos empezó siendo un mito. Lo sé. Yo estaba allí y vi sus ojos.

El imperio persa, el mayor que había conocido jamás el mundo, había sido derrotado. Y Alejandro con veinticinco años, era ahora el soberano de todos. Alejandro me dijo en una ocasión: cuando estamos en los mitos es cuando más solos nos sentimos. Y así aconteció, en un sueño tan mítico para todos los griegos, como el de Aquiles derrotando a los troyanos, que en ese único momento de gloria, Alejandro fuera querido por todos. Sin embargo, en mi opinión Babilonia fue una concubina más fácil de penetrar, que de abandonar.”

Alejandro cruzó las puertas de Babilonia y se maravillo de lo que vio. Aunque venció en la batalla de Gaugamela, para él aquello había sido en cierta forma una derrota. Dario había escapado (y no era la primera vez que huía de él como ya he dicho), aunque su ejército había sido estratégicamente derrotado. Tenía ante sí a la ciudad más rica y una de las cuatro capitales del imperio persa para sí, colocando a un ex-general de Dario como gobernante. Aquel gesto por su parte indicaba que aún siendo conquistados, Alejandro era ahora su rey, pero uno magnánimo no un cobarde como Dario, el cuál exponía a sus hombres a su suerte mientas huía de él. Deja además allí a la familia de Dario, reclutando a nuevos soldados. La persecución contra Dario continuaría.

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2 comentarios

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