El Rincón del Pensamiento

Vencer a la muerte (3ª parte)


(1ª Parte)        (2ª Parte)

“La campaña en el noroeste de convirtió en una dura guerra de guerrillas que se alargó casi tres años. Perseguimos a Dario hacia Bactria. Pero por poco no logramos capturarle. El gran rey Dario había sido traicionado por sus propios hombres. Honrando su cuerpo sin vida, Alejandro persiguió a esos comandantes hasta tierras desconocidas. Cruzando incluso el río Oxus hasta Sogdia. Combatimos contra ellos alcanzando las desconocidas estepas de escitas, donde sólo los héroes legendarios se habían adentrado. Los cartógrafos nos dijeron que estábamos en el punto donde Europa y Asia se encuentran. A decir verdad, estábamos perdidos. Allí Alejandro fundó su décima Alejandría, poblándola con veteranos, sus mujeres y cualquiera que se arriesgara a la vida fronteriza. Incapaz de aceptar la derrota bajo ninguna forma, Alejandro persistió en someter a cualquier tribu que se resistiera. Hasta el día en que recibió la cabeza del asesino de Dario. Para Alejandro no podía haber ningún pretendiente al trono de Asia. Que ahora incluía Sogdia y Bactria. Fue en ésta última donde Alejandro tomó una de sus decisiones más misteriosas”

Con veintinueve años, y tras lograr tomar el peñón Sogdiano, uno de sus líderes Oxiartes, le entrega a su bella hija en matrimonio. Roxana tenía 16 años y Alejandro la tomó por esposa. No era la primera mujer que tenía dado que Barsine, una noble persa con la que llegó incluso a tener un hijo llamado Heracles y que jamás subiría al trono, fue realmente la primera, aunque nunca la desposó mientras que Roxana sí fue la primera con la que decidió casarse, esperando que fuera ella la que le diera la descendencia que heredara su ahora enorme imperio. Aquello, dejaba claro que Alejandro tenía intención de que ambas culturas acabaran siendo una. Algo que no fue bien visto por los suyos, que sólo ansiaban regresar a Macedonia. Muchos de ellos se desposaron con mujeres persas, y una vez muerto el rey, las repudiaron.

“Y así, diez años después de que su madre insistiera en que desposara a una macedonia, el hombre más poderoso del mundo se casó con una joven sin ningún significado político. ¿Por qué? Algunos dicen que fue para aliarse con las tribus. Otros por el deseo de tener un heredero. Y otros dicen que Alejandro se enamoró de verdad. Aunque, ¿quién era realmente Roxana? Dudo que nadie viera más allá de los pozos de sus negros ojos”

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La campaña avanzaba, y con ello las ganas por parte del ejército del rey de volver a casa. Demasiado tiempo habían estado lejos de su patria, y aunque habían conocido la gloria, las riquezas y muchos habían perdido la vida, comenzaron a ver en Alejandro su necesidad de saber que había mucho más allá, hacia el este, esperando encontrar el mar en algún momento. Aquello comenzó a provocar desconfianza e intentos por parte de su círculo más cercano de convencerle de regresar al hogar. Y junto a ello, comenzaron las conjuras. Y la traición, la misma que mató a su padre, era algo que Alejandro no soportaba.

“La conjura perturbó profundamente a Alejandro. No sólo por la implicación de los jóvenes pajes que habían compartido su sueño, sin que, y en un sentido más intimo implicaba a Filotas, compañero suyo de la infancia y capitán de su guardia real. Ninguno de nosotros defendió a Filotas, porque por otra parte ninguno de nosotros compartía sus ideas. Y por supuesto nos repartimos todos su cargos y poderes entre nosotros. Antes de morir se le torturó para saber qué sabía su padre, Parmenio. Pero no conseguimos nada. ¿Qué podíamos hacer con Parmenio y sus veinte mil soldados que protegían nuestras líneas de abastecimiento? Eso era un asunto mucho más delicado. ¿Era inocente y no intervino en la conjura? ¿O había decidido actuar antes de que su edad mermara aún más su poder? Alejandro debía obrar por necesidad, y levantó el campamento antes de que pasaran cuatro horas desde las primeras acusaciones contra Filotas. Tres días cabalgaron sin cesar, tardaron Antígono y Clito en reunirse con Parmenio. Sus soldados aceptaron la acusación de culpabilidad contra Parmenio. Entendieron que su jefe era responsable del comportamiento de todos.”

Y lo peor, es que cada conjura a su alrededor era castigada duramente por Alejandro sin medir consecuencias. Y con cada una de ellas, parecía acercarlo más a los pueblos persas y bárbaros, y alejarlo más de los soldados macedonios que partieran con él de su ciudad, y que algunos de ellos ocupaban puestos en ciudades conquistadas: como el caso de Parmenio, que se quedó dada su edad en la retaguardia asegurando que al ejército de Alejandro, en el que iba su hijo Filotas, no les faltaran recursos. Aún así, y aunque hubo varios posibles intentos de acabar con su vida, Alejandro prosiguió llevando a sus hombres, mezcla entre macedonios y bárbaros, más allá de las fronteras conocidas.

“Recuerdo que Bagoas comentó en cierta ocasión que el amor eludía a Alejandro tanto como le costaba encontrar los confines del mundo. En primavera, Alejandro cruzó al frente de un ejército de ciento cincuenta mil hombres los puertos del Hindu Kush, dirigiéndose hacia tierras desconocidas. Su sueño, era la ruta prometida a los confines del mundo, ahora éramos un imperio inestable que se extendía a nuestras espaldas por toda Asia hasta Grecia. Nos acompañaban arquitectos, ingenieros, cartógrafos, prestamistas con sus esposas, hijos, amantes, prostitutas… sin olvidar a los esclavos. Esa columna anónima sometida y entregada a los nuevos conquistadores. Arrasado o ampliado, para mejor o para peor, ningún territorio ocupado volvió ya a ser el mismo. Aunque seguía amando a Roxana, las visitas a su tienda disminuyeron poco a poco cuando durante un año no logró darle un sucesor. Hiriendo así el orgullo de Alejandro”.

“India: la tierra donde nacía el sol. Se decía que era más rica que Persia. No habían sido nunca ni explorada ni conquistada. Desde el principio, Alejandro luchó por unificar un territorio que no tenía centro. Reyes que conspiraban los unos contra los otros, un laberinto de tribus empujadas por fanáticos religiosos, a morir por sus extraños dioses.

Clito, con su destacamento de avanzada, luchó contra hombrecillos peludos y diminutos que vivían en las copas de los árboles. Hasta que Hefestion nos convenció de que se trataba de animales que imitaban al hombre y llevaban sus propias pieles. Llamaban a esa tribu: mono. Y luego aquellas lluvias torrenciales. Jamás habíamos visto caer tanta agua enviada por los dioses. Llovió durante sesenta días con sus noches. Nuestra búsqueda de oro y gloria se desvaneció en cuanto descubrimos que jamás los encontraríamos. El mal humor se hizo dueño de nuestro ánimo. Matábamos a los indígenas que se resistían y con el agua local putrefacta, mezclábamos nuestro vino.

Mientras avanzábamos hacia el sureste, Alejandro a menudo devolvía las tierras conquistadas a sus derrotados reyes. De ese modo, los convertía en sus aliados pero eso no era del agrado del ejército que empezaba a preguntarse si Alejandro no estaría lanzado en una loca carrera por imitar la gloria de Heracles”.

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Lo que Alejandro sabía de la India, era lo que su maestro Aristóteles le había enseñado. Creía que la India era un territorio pequeño del lado este del río Indo y que el océano estaba cerca. Aprendería pues que su maestro estaba muy equivocado. No sólo la población era mucho mayor, también el territorio (lo que hoy sería la república de Pakistán) Para ellos y para todo el mundo civilizado de entonces, los monos o el monzón eran algo totalmente desconocido. Luchaban contra tribus, y también contra la propia naturaleza. Alejandro superó a Heracles, que nunca llegó al actual Pir-sar. Formó alianza con Taxiles, el rey de la región en el valle del Indo, entrando donde ningún otro griego había llegado, ni siquiera Dionisio.

“No volvió a ver a su madre nunca. Y mientras él estaba ausente combatiendo contra las tribus del norte, Olimpia mandó asesinar a Eurídice y a su hijo recién nacido (realmente mandó matar a ambos hijos, una niña y un niño, Europa y Carano, y su madre supuestamente, se suicidó cuando eso ocurrió). Por necesidad, Alejandro mandó asesinar a Átalo (el padre de Eurídice).

Y siguió su marcha hacia el sur para llegar al gran océano. Al aplastar el motín y ejecutar a sus cabecillas, no hizo nada a mi parecer, que no hubiera hecho cualquier otro general en tiempo de guerra. Pero claramente, el ejército estaba dividido. Y Alejandro ya no era querido por todos”.

El asedio a Pir-Sar, Aornos para los griegos (la actual Swat en Pakistán) dio el empujón a Alejandro para ir más allá. Para poder asediar el lugar, se construyó un montículo en un terraplén para poder construir un puente sobre el barranco. Tras asediar y tomar el lugar, se levantaron altares a Atenea. Gracias a esta conquista, Alejandro era libre en su trayecto a Punjab, dejando clara su reputación de invencible por encima de héroes como el mismo Heracles. Tras aquello, avanzó hacia Hidaspes, donde se realizaría la última batalla de su historia como conquistador de tierras a las que jamás un griego había llegado. El rey Poros de Paura vería ante sí al más grande de los grandes. Alejandro vería de nuevo como ocurriera en Gaugamela, a los elefantes de guerra. Allí venció a aquel ejército, y al que era llamado el de “Los Inmortales”.

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