El Rincón del Pensamiento

Canto de Sirena


Luis Robayo/AFP/Getty Images

Es el mayor animal de la Tierra, no solo en la actualidad sino también el mayor del que se tenga noticia en la Historia de nuestro planeta. El mayor dinosaurio caminó por la Tierra durante la era Mesozoica y pesaba unas noventa toneladas. Sólo el pez hoy extinto conocido como Leedsichtys alcanzó las ciento veintidós toneladas, acercándose al tamaño de este mamífero marino, que a día de hoy aún surcan algunos de nuestros mares.

Recientemente he podido ver un documental sobre los incidentes que han acabado con la vida de varias personas, en varios países distintos, y en varios Acuariums del mundo. El reportaje hablaba de cómo estas personas fallecían debido a accidentes con estos cetáceos. Cierto es que estos pobres animales, en concreto orcas, son muy distintos de las ballenas azules. Pero también es cierto, que es muy fácil culpar al animal o a los entrenadores fallecidos tras los incidentes, cuando ninguno es culpable de lo ocurrido.

Recuerdo que mientras veía el reportaje, y miraba a esas maravillosas criaturas confinadas en espacios reducidos, siendo alimentadas mientras se les pedía hacer carantoñas a los espectadores de las gradas, sólo podía pensar en una cosa: los circos romanos.

Soy la primera, que daría cualquier cosa por poder contemplar o estar cerca de un animal tan maravilloso. Que me fascina cualquier cetáceo, de cualquier familia y mi imaginación vuela hacia los confines del mar. Pero también comprendo que el hombre está acostumbrado a creer que puede domesticar su entorno a su antojo. Y una orca, una ballena, un león o un lobo serán siempre eso… animales salvajes. Que podrás encerrarlos para poder contemplarlos y ver cómo son, algo que sería imposible en libertad, pero que eso lleva un coste, y el que más paga en este caso, es el animal confinado.

Pero, al fin y al cabo, eso mismo era lo que hacían los romanos en los circos ¿no? Al menos allí eran humanos contra humanos la mayoría de las veces.

Se sabe tan poco sobre los cetáceos, que aún se estudia cómo se comportan. Se sabe que proceden de una misma familia prehistórica, que acabaron dividiéndose en dos, los cetáceos con barbas (ballenas francas, de Groenlandia, la ballena gris, la ballena pigmea, los rorcuales o ballena azul y las ballenas jorobadas o yubartas) y los cetáceos con dientes (los delfines oceánicos y de río, la orca, la marsopa, el cachalote común, enano y pigmeo, los zafios, la belga y el narval) . A día de hoy, se ha podido comprobar que tienen una parte del cerebro totalmente distinta a la de un cerebro humano, y otra zona que les hace altamente sociables. De ahí que se muevan en manada, de ahí que las hembras y las crías viajen juntas de por vida, de ahí que necesiten estar con los de su especie y su zona y que si se las separa, sufren. Son tan sociables que necesitan cantar y comunicarse entre ellas. Estamos centrados en pensar que somos la especie más inteligente porque poseemos el lenguaje. Somos tan egocéntricos, que no comprendemos que la comunicación en la naturaleza tiene muchas formas. Quizás seamos “los reyes de la comunicación”, pero no somos los únicos.

Seguro que todo el mundo al pensar en orcas, piensan en su apodo de “asesinas”, o tienen en la mente ese video en el que un grupo de orcas se mueven alrededor de un indefenso león marino tumbado en un trozo de hielo enorme, y entre varias de ellas, logran hacerle caer al mar acabando con su vida. ¿Eso es cruel? Sinceramente creo que es más cruel ver a hombres matando a hombres, por el mero hecho de una ideología, una raza, por dinero o porque sí, simplemente. Me parece cruel ver a hombres matando a especies a tiros en un safari africano por diversión, o haciendo lo mismo en una plaza de toros convencidos de que esa especie, se cría para ese momento de espectáculo. Pero en cambio, a la orca la apodan asesina por el mero hecho de cazar para comer. La naturaleza es dura, es vivir o morir. Cazar, o ser cazado. Y el  león caza gacelas, el lince conejos, el águila ratones, el tiburón a otros peces y las orcas focas. Y sólo el hombre es el hipócrita que apoda asesina a otras especie. Nos hemos desvinculado tanto de la naturaleza, que nos olvidamos siempre de cuando realmente formábamos parte de ella, y o cazábamos para comer, o acabábamos en el menú de alguna otra especie.

Y eso, aunque nos parezca horrible, no ha cambiado para el resto de especies del planeta.

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