El Rincón del Pensamiento

Naledi


Portada de National Geographic - Mark Thiessen

Portada de National Geographic – Mark Thiessen

Creo que existe una idea romántica a todo lo que envuelve la arqueología. Y si lo creo es porque yo misma he sentido esa sensación frecuentemente. Ya sabéis, esa idea de descubrimiento de objetos, o restos arqueológicos que den la vuelta al mundo. O encontrar la localización de lugares perdidos en los anales del tiempo. O buscar, en modo Indiana Jones tesoros ocultos o salvar en modo Lara Croft pequeños rincones de historia antigua con la idea de que sean vistos por millones de personas en un museo. Todo ese marco es el que te empuja (al menos en mi caso) a saber más y más sobre las preguntas del tipo ¿quiénes somos? o ¿de dónde venimos?

Con el tiempo, también en mi caso, esas ideas románticas siguen ahí pero aprendes a controlarlas porque también aprendes con el tiempo que la arqueología y todas sus ramas de fácil, no tienen nada. Como ciencia que es, cambia y lo hace constantemente, como debe ser. Todo lo que tenemos, hasta ahora sobre nuestros ancestros, son hipótesis. Muchas de ellas marcadas en lógica pero hipótesis al fin y al cabo y por tanto jamás pueden ser dadas como verdades. Dogmatizar la ciencia es un error, un error que puede ser entendible por el mero hecho de ser humanos y tener la necesidad imperiosa de defender nuestras ideas, o nuestras teorías. Pero la historia ha demostrado una y otra vez que el fundamentalismo científico detiene en seco al científico y le impide avanzar.

La arqueología y la paleontología, sin duda alguna no son diferentes a otras ciencias. Creo que una cosa es la ciencia dedicada, por ejemplo, al estudio de una enfermedad y su cura, o el estudio del Universo y lo que hay más allá de lo que nuestros telescopios pueden ver. Cualquiera de estos dos ejemplos es una vista a un futuro, en el que los adelantos científicos en otras ciencias, sirven de ayuda y apoyo para conocer ese futuro. Pero el estudio del pasado, el saber qué ocurrió en un asentamiento, en una cueva con restos arqueológicos antiguos, es harina de otro costal. Aún así, se formulan hipótesis como en toda ciencia, y aun así hoy pueden ser evaluadas y pasar esas evaluaciones con lo que se sabe hasta ahora pero mañana… quizás eso puede cambiar y tener que replantearse el esquema por completo.

Un esquema gigantesco de un puzzle gigantesco.

Un rompecabezas en donde se debe de tener siempre la mente abierta a cambios. Pero esos cambios sólo pueden darse con datos en la mano, y eso no siempre es posible en el estudio del pasado, pero no por ello los hallazgos son menos importantes, ojo, simplemente hay que sopesarlos, y buscar la forma de dar sobre todo y por encima de todo, una datación. Que nadie quita el mérito a los hallazgos encontrado, sea dicho de paso.

Hoy en día, inevitablemente también, estamos sometidos a una presión mediática. En la era en la que las noticias vuelan por internet y lo que hoy es noticia, mañana deja de serlo es algo que antiguamente no pasaba. Si algo tenía tirón podía mantenerse en el ojo de la noticia durante meses, hoy… durante unas pocas horas.

Creo que justamente esto es lo que está pasando con la noticia que ha saltado a la palestra esta semana, respecto al descubrimiento que se ha hecho eco en todos los medios de comunicación. Conste y quede claro, que es mi humilde opinión desde la más absoluta ignorancia en comparación con la sabiduría que el equipo de investigadores de 43 instituciones distintas de todo el mundo ha presentado esta semana. Sea como fuere, no soy más que una simple amateur, loca por la arqueología y la historia antigua así como por los descubrimientos, que los que sí saben, encuentran oculto en nuestro planeta. El caso, es que la noticia que ha dado la vuelta al mundo, ha sido la información del estudio dada por este grupo de científicos que ha sacado a la luz (y por todo lo alto) el descubrimiento realizado en octubre de 2013 en una pequeña cámara de una cueva llamada “Rising Star” a unos cincuenta kilómetros al noroeste de Johannesburgo, en Sudáfrica. Esta cueva se ha localizado a casi cien metros de la entrada y a unos treinta metros de profundidad. Según los estudios de la zona, el lugar siempre ha estado a oscuras en el fondo de la cueva desde hace millones de años.

En el lugar se han localizado unas 1.510 piezas correspondientes al menos a 15 individuos, siendo la mayor acumulación de restos de una especie humana prehistórica en África. En el resto del mundo, tan sólo la Sima de los Huesos en Atapuerca, Burgos, del que se han sacado más de 5.000 piezas de 30 individuos distintos, le supera.

Los restos están ahí, es inamovible. El descubrimiento por la cantidad es muy importante. Pero falta algo, algo que al menos a mi, me han enseñado que es básico en esta ciencia antes de aventurarse a lanzar tan siquiera una hipótesis, y es su edad. Y me temo, que esto es muy importante. Aún así, está claro que el descubrimiento va a dar mucho que hablar y sin duda, con esa datación hecha, quizás tengamos que volver a replantear nuestros esquemas.

A vista de todos, la presentación de los fósiles al mundo sin dar una datación ni tan siquiera aproximada queda, al menos para mi, en mera especulación. Es cierto que el estudio realizado a todo lo encontrado en estos dos años es muy importante. Los paleontólogos han podido gracias a la ciencia de hoy en día saber que medía metro cincuenta y pesaba unos cincuenta kilos. Que tiene rasgos que sin duda parecen humanos. Que los huesos de la mano parecen indicar que podían utilizar herramientas. Y que los pies, con el dedo gordo alineado con los otros cuatro le hacía apto para caminar en ver de agarrarse a las ramas, por lo que parece ser que podría ser bípedo. Era poseedor de dientes incisivos pequeños y un cráneo redondo donde alojar un cerebro parecido al nuestro. Por otra parte, la curva de los dedos de las manos es apta para moverse aún por las ramas, el hombro y el tórax confirman que pasaban mucho más tiempo en los árboles que en el suelo. Con esa idea en la mezcla de estas dos evidencias, los científicos creen que por tanto, debe de ser una de las especies más antiguas del género humano. Para ello además, ponen sobre la mesa sus grandes molares, que son más propios de los Australopithecus que de los humanos en sí, igual que su pequeño cerebro. Su capacidad de 513 cm3 ciertamente supera el de cualquier Australopithecus, pero queda bastante por debajo de cualquier otra especie humana posterior.

Todos estos datos aportados por las evidencias físicas (los huesos en sí) son importantes, pero no suficientes. Queda la parte básica e incomprensible (a medias) de este descubrimiento, bautizado como Homo Naledi (“Naledi” quiere decir estrella en sesotho, una lengua local). Por que sí, ya tiene nombre, y se le ha incluido en un género, el homo… sin tener aún su datación aunque sea aproximada y teniendo en cuenta los datos que se han podido obtener de su morfología (masticación, locomoción y manipulación) y aunque posea detalles que lo harían encajar dentro del grupo Australopithecus. Y es que, todos los restos además de aparecer en una cueva oscura, no incluyen restos animales cerca, lo que facilitaría bastante su datación y lo que ha llegado a pensar que no lo tienen porque, fueron enterrados, algo que sí hacia el género homo y no lo hacían sus antecesores.

No quiero que todo esto se vea como una crítica al completo, porque no lo es, y menos viniendo de alguien que sea como fuere, es sólo una simple aficionada. Quiero insistir en que para avanzar en esta ciencia hay que descubrir, y sin duda alguna es un gran descubrimiento. Pero aportar o lanzar hipótesis al viento sin pruebas tales como una datación, es tirarse piedras al propio tejado. Creo, humildemente, que se han aventurado a soltar hipótesis, en vez de sencillamente mostrar datos, que es lo que tienen realmente mientras no sepan la edad de los fósiles.

Datar es lo más difícil que un arqueólogo o antropólogo puede hacer sin duda alguna, y no puede hacerse a la ligera. El hecho de localizar estos restos en una zona donde la datación se complica aún más por no existir restos de otras especies de animales o plantas, lo hace un reto mayor aún. Que los restos pueden acoplarse por tipo a uno su otros es lo que se ve, pero lo que no se ve, el pasado en sí, el momento, es lo más complicado. Pero sin duda, también lo más bonito, rellenar el puzzle.

Hoy día ya tiene nombre la rama de estudio que podría arrojar luz a toda esta amalgama de datos físicos: el estudio Tafonómico. La Tafonomía es una rama de la evolución humana. Con ella, arqueólogos y paleontólogos tratan de averiguar lo que pudo suceder en tiempos muy remotos desde el momento de la muerte de los seres vivos hasta que sus restos fósiles son desenterrados. Esta ciencia estudia pues como se formó el fósil que se ha localizado y cómo se ha formado todo un yacimiento. Al principio esta rama vista por alguien totalmente ciega como yo podría decirse que me parecía mágica, y siempre pondré el mismo ejemplo para entenderlo. Sólo hay que echarle un poco de imaginación.

Año 2115… Vamos a suponer que la Humanidad no se ha extinguido y el planeta aún nos acoge. Pero vamos a suponer también, que se ha producido algún tipo de holocausto que ha diezmado la población, nuestros recursos, y que hemos tenido que mantener nuestra historia mediante el boca a boca perdiéndose tras el holocausto mucha información sobre la historia que teníamos. Echemos de nuevo imaginación y pensemos que de los humanos que aún existen, se ha creado un grupo élite de científicos que tratan de esclarecer nuestra historia antigua (la de nuestro presente vaya). Y en una de las excavaciones que realizan, se topan con una estatua de mármol gigante de una persona, ataviada de forma extraña y que señala con su dedo hacia el horizonte… ¿Qué interpretaciones se pueden dar al respecto de algo así? Seguro que se nos pasan montones por la cabeza. Que se ajuste a la realidad que conocemos del ejemplo, es otra historia. El contexto en arqueología lo es todo. Y la datación y la tafonomía van cogidas de la mano. Este ejemplo es de lo más absurdo porque nuestra estatua ni siquiera es un resto biológico (como lo son los restos fósiles encontrados), pero sí sirve para entender que rellenar los huecos, de fácil no tiene nada. Es casi…Magia.

Espero que los estudios que se están haciendo y en los que España está incluida, con sus grandes expertos en la materia, desde el MNCN (Museo Nacional de Ciencias Naturales), así como los grandes expertos que trabajan en la Sima de los Huesos de Atapuerca, en Burgos, den a la luz los trozos del rompecabezas que nos faltan. Ellos con total seguridad dejaran a un lado todo lo que tenga que ver con adelantarse a la información mediática para centrarse en acercarse a las hipótesis que aclaren la situación en que se han encontrado. Interpretar qué pasó, como llegaron aquellos individuos a ese lugar sin evidencias depredatorias ni carroñeras, cómo murieron, quién acabó con sus vidas y cómo acabaron allí es todo un reto. Y estudiando cómo se creó el fósil encontrado, desde que ocupó ese espacio hasta el día en que se encontró, arrojará luz al cómo, cuando y por qué estaban allí.

Al “Homo Naledi” le queda una larga caminata a partir de ahora. Y aunque mi opinión diga que quizás se han adelantado demasiado a lanzar hipótesis sobre los restos estudiados hasta ahora, lo bueno de esta ciencia es que tarde o temprano, esa datación lo dirá todo.

Imágenes en HD de los restos de Naledi

Reportaje en la revista ELifeSciences Sobre Naledi

Reportaje de la Revista National Geographics

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