El Rincón del Pensamiento

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La Hija del Sol


 

Creo que no hay etapa más enigmática, ambiciosa y única que la época del faraón Akhenatón. Todo lo que tiene que ver con él es muchas veces pura hipótesis.

El que fuera llamado el Faraón Hereje, lo fue por algo. Su oposición a todo aquello en lo que en su época era la verdad, le llevó a acabar en el olvido. El poder de Amón era demasiado grande y demasiado poderoso. Tratar de cambiar todo lo que tenía que ver en torno a él, debió ser algo titánico.

Ambientada en Egipto del 1350 a.C. Nacho Ares nos traslada en su nuevo libro a ver aquella época desde los ojos del que intentó quitarle los privilegios al clero de Amón para dárselo al culto de Aton, el dios Sol creando incluso una nueva capital para tal efecto.

La plaga, la avaricia, las conjuras y el clero llevado por las ansias de poder, llevaba al límite a la ciudad de Uaset, la capital del imperio egipcio entonces.

El faraón Akhenatón al subir al trono, dio un vuelvo a todo lo hasta ahora conocido. Y lo hizo desde los consejos y la mano de una mujer, su hermana Isis.

No sé que me gustó más, si ver en cada pasaje de cada capítulo y cada párrafo esa descripción de un Egipto vivo, con sus templos, sus vestimentas, sus personajes, (conocidos o inventados para la ocasión) sus monumentos… o que tras la figura del poderoso Akhenatón, estuvieran los consejos de su hermana Isis, lo que le llevó a hacer lo que hizo hasta el límite.

Un maravilloso escenario con una maravillosa visión de aquello que en mi imaginación puedo ver gracias a como Nacho Ares relata con delicadeza y maestría en un campo que le maravilla tanto como a mi.

Gracias por un libro más.

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Los Faraones también sueñan


Por fin la espera ha acabado…

Hay ciertos autores que forman parte de mi ranking de sí o sí. Ya en otra entrada os comenté mi “adoración” a todo lo que escribe Javier Sierra. (Aquí os incluyo el link)

Pues bien… Oficialmente hoy (bueno, en realidad la fecha de salida fue anteayer) salía a la venta un libro nuevo de otro de mis autores fetiche. Y sí, digo fetiche porque igual que me ocurre con Javier Sierra, con éste otro autor me ocurre lo mismo. Todo lo que escribe: cae.

Como apasionada del Antiguo Egipto, he leído mucho al respecto. Así que conozco a Nacho Ares y su trabajo prácticamente desde la misma época en la que colaboraba con el propio Javier Sierra en revistas con temas precisamente sobre este mundo. Y de esa forma, empezando por artículos, caí en la lectura del que creía era su primer libro.

El Guardián de las Pirámides por Nacho Ares

El Guardián de las Pirámides por Nacho Ares

Si tuviera que aconsejar empezar por algún trabajo de él, justamente os recomendaría el primero que leí yo misma: “El Guardián de las Pirámides”. Lo publicó en 2001, y fue tal el amor a ese libro, su explicación, su guía en primera persona por lugares de Egipto que ni siquiera he visto, que sin dudarlo, compré todo lo anterior, que era bastante, la verdad. Y desde entonces sus trabajos JAMÁS me han decepcionado.

Sus libros anteriores, al igual que éste, lanzan al lector ya sea conocedor amateur o profesional de Egipto, a descubrir su visión de todo lo que una cultura como la faraónica puede mostrarte. Títulos como: “Egipto Oculto”, “Egipto Insólito”, “El valle de las Momias de Oro”, “Un viaje iniciático por los templos sagrados del Antiguo Egipto”, “Tutankhamón el último hijo del Sol” forman parte ya de esos libros que te han mostrado caras de Egipto que hasta ahora, estaban ahí, esperando ser descubiertas.

Tras colaborar con Iker Jimenez en la publicación de dos tomos con título “La Historia Perdida”, títulos también muy recomendados sobre misterios que se quedaron en los anales de la Historia, en 2004 publicó la que a mi juicio sería la obra que le terminaría de catapultar como autor de temas sobre Egipto y sus misterios.

Con el “Enigma de La Gran Pirámide”, contaba todo aquello que alguien como yo, quería saber sobre las investigaciones que se habían hecho in situ en este monumento en 2002, y quería saber mucho más sobre ello.

Un año después, publicaba una biografía sobre una de las mujeres en España con una historia tan fascinante como su mirada oculta tras su parche: “Éboli. Secretos de la vida de Ana de Mendoza”. Sin contar el libro en colaboración con Jimenez, en sí éste era el primero que dedicaba a una temática distinta a la habitual.

Un año después, en 2006, Egipto volvía con él a las librerías, su nueva obra llevaría por título “Egipto, Tierra de Faraones”, y en 2007 sacaba a la luz, un trabajo sobre arqueología con título “Arqueología de los Dioses” de nuevo con Egipto de fondo.

En 2009, y por primera vez (al menos que yo conozca), Nacho Ares optaba por escribir una novela. Con título “El Retrato”, te transporta de nuevo a la época de la Princesa de Éboli, y a la vida y aventuras de un espía inglés en la España de la época. Sencillamente increíble.

Portada

La tumba Perdida, de Nacho Ares

Tres años hemos tenido que esperar tras esta novela, para poder ver de nuevo algo de su puño y letra en las librerías. En 2012 publicaba “La Tumba Perdida”. Atrás quedaban los libros dedicados de forma minuciosa a sus propias investigaciones como periodista, siendo ésta la primera novela ambientada en su amor por Egipto.

Tras acabar de leer esta maravillosa novela con un Howard Carter como protagonista, recuerdo que me vi tentada a intentar contactar con él por medio de las redes sociales. Sólo tenia una pregunta tras una felicitación por haberme hecho disfrutar tan gratamente de este libro: “¿cuándo el próximo?”. Su respuesta fue simple: “Pronto. El nuevo libro ya está en la editorial”.

Y el próximo… es justo ahora para mi.

Hace unas semanas, dejaba entrever el primer capítulo. Normalmente no suelo leerlo dado que, en autores como él, acabas contando los días a la espera de poder seguir leyendo, pero es tan difícil resistirse… El capítulo no me decepcionó. Os invitó a leerlo en este link, y a ver si sois capaces de no echar a correr a la librería a buscar su libro completo antes de acabarlo.

Así que desde anteayer, sencillamente estoy atrapada de nuevo en el tiempo…

El Sueño de los Faraones, por Nacho Ares

El Sueño de los Faraones, por Nacho Ares


En busca de un misterio (2da parte)


Primera Parte

La historia de la búsqueda de un sueño…

Kathleen Martínez era abogada de profesión en Santo Domingo, la ciudad que la vio nacer. Y su historia quedaría aquí, de no ser por lo que justo a mí me llamó la atención. Ella, sí cumplió mi sueño.

Kathleen Martínez, en busca de la tumba de Cleopatra

Desde muy joven quedó prendada de la Historia de Egipto. Como devota de esta cultura, aprendió todo lo que pudo de ella mientras ejercía su profesión en un bufete de abogados. Así se ganaba la vida. Defendiendo la justicia. Y en su tiempo libre, absorbiendo toda la información de nuestro amado Egipto.

Según ella misma ha dicho en alguna entrevista que he leído, tenía un sueño, quería ser arqueóloga y buscar en las arenas del desierto en Egipto tesoros de esa maravillosa cultura. Pero sus familiares la convencieron de que era una locura, y de ahí que acabara estudiando abogacía, dejando su sueño faraónico como una afición.

Debido a una discusión con su propio padre, también profesor, sobre la reina Cleopatra de Egipto, entró en desacuerdo con él debido a comentarios tópicos respecto de la reina dado que la tachaba a su parecer de forma injusta y negativa.

Y a partir de aquí se propuso defenderla buscando pruebas. Así comenzó su búsqueda.

Leyó todo lo que pudo sobre ella. Tardó años en desarrollar una teoría sobre el lugar donde posiblemente Cleopatra y Marco Antonio podían estar enterrados. Y todo esto… lejos de Egipto. Comenzó a llamar a puertas, a exponer lo que había aprendido y no ha dejado en su empeño hasta lograr que el propio Dr. Zahi Hawass, secretario general del Consejo de Antigüedades egipcio, la permitiera buscar a la última reina del Antiguo Egipto. Corría ya por entonces el año 2005.

Prospección Arqueológica en Taposiris Magna

Estuvo convencida de que la búsqueda de los restos mortales de Cleopatra en su palacio bajo las aguas de Alejandría desde 1992 no servirían para encontrarla. Que no podía estar en un palacio, sino en un templo. Que si su elección para morir fue dejarse morder por una cobra egipcia, fue para comenzar con un ritual egipcio donde la cobra es un símbolo importantísimimo en esa cultura.

Precisamente esto me llamó muchísimo la atención. Sea leyenda o no ese suicidio, el áspid ha sido siempre un símbolo muy importante en la cultura egipcia. El Bajo Egipto (las tierras al norte del país, en el Delta del Nilo) se representaban con el símbolo de la cobra egipcia, que a su vez representaba el signo de la diosa Uadyet. Alejandría, precisamente, formaba parte de éste Bajo Egipto. Un detalle más, el áspid es conocido como el Ojo de Ra.

La teoría de Martinez va más allá aún. No sólo murió bajo un símbolo de su cultura, está convencida de que tras su muerte y la de su amado Marco Antonio, hay también todo un ritual de dos importantes dioses egipcios: Isis y Osiris. Además de que la propia reina ya era vista como Isis, y se representaba como tal, como ya he contado.

A grandes rasgos, el mito de estos dos dioses se resume con facilidad, siendo uno de los más importantes en la religión egipcia. Isis y Osiris eran hermanos, y a su vez esposos. Eran hijos del Cielo (Geb) y la Tierra (Nut), como sus también hermanos, Set y Neftis, esposos también entre ellos. La historia del mito, cuenta la rivalidad entre los dos hermanos varones, Set y Osiris, que acabó con la muerte del segundo a manos del primero. Osiris, acabó descuartizado y repartido por catorce zonas de Egipto. Su hermana y esposa, buscó desesperada los pedazos de su esposo, y tras recogerlos todos, usando su magia, logró unirlos, consiguiendo además concevir a su futuro hijo Horus, que lucharía más adelante con su propio tío Set. El caso, es que Osiris, quedó para siempre en el mundo de los muertos, siendo el encargado de decidir sobre el paso del difunto al otro lado, tras ser juzgado por sus actos en vida.

Precisamente este culto, es lo que le ha llevado a pensar dónde podía estar localizada la tumba de la reina. Desde tiempos remotos, existe un templo en un lugar conocido con el nombre de  Taposiris Magna, cerca de Alejandría. Curiosamente esta ubicación fue uno de los lugares donde desde tiempos inmemorables hubo un culto a Osiris e Isis, dado que en su ubicación, la leyenda cuenta que fue uno de los lugares donde Isis localizó uno de los pedazos de su esposo, concretamente la columna vertebral. Este lugar fuepor ello además nomo del Bajo Egipto, siendo también llamado por los griegos Busiris y siendo la capital de nomo IX. Los egipcios la conocen por el nombre de Per Usir, cuya traducción es “La morada de Osiris”, Dyedu. Hoy en día, los árabes la llaman Abusir.

Y tras presentar todos estos datos, logró convencer en 2005 a las personas encargadas de dar permisos para excavaciones en la zona. Y desde ese año, y en campañas sucesivas, ha ido dando pequeños pasos, y sacando de la arena del desierto sus secretos. Y lo que se convirtió en una lucha por defender a la última reina de Egipto, ahora es una aventura extraordinaria en busca de localizar el lugar donde debe morar en sepulcrar silencio por toda la eternidad, su última soberana.

Taposiris Magna, fue estudiada por primera vez en 1935 por el viajero británico Anthony de Cosson, que nombró a este lugar, como el monumento más magnífico al norte de las Pirámides dejado por la Antigüedad. Desde entonces, el yacimiento prácticamente no se ha tocado. En 1905, Evaristo Breccia, arqueólogo italiano, excavó los cimientos del lugar localizando una pequeña basílica copta del siglo IV d.C. en el patio interior del recinto, que por lo demás, estaba completamente vacío. Además de la pequeña iglesia, localizó unos baños romanos. No fue hasta 1998, cuando un equipo húngaro dirigido por Gyözö Vörös encontró pruebas de que existía una estructura de columnas dentro del recinto que creyeron en ese momento era un templo dedicado a Isis.

Hasta 2004, no se pudo tener constancia de todos los datos de las sucesivas prospecciones. El templo había conocido tres identidades anteriores: un santuario ptolomaico, un fuerte romano y una iglesia copta. Uno de los objetos que logró encontrarse, fue el busto en granito negro que parecía ser una representación de la diosa Isis.

Busto localizado por el arqueólogo Vörös en 2004

Con la intervención de nuestra soñadora, en octubre de 2005, y su convicción de que estaba en el lugar correcto, comenzaron las excavaciones en busca de más datos que arrojaran algo más de luz de lo que hasta ahora se tenía de la zona.

Los hallazgos encontrados en años posteriores han ido marcando un paso lento a la excavación pero a la vez ha sido muy fructífero. Para empezar, lo averiguado ha podido cambiar los preconceptos sobre la arquitectura de los templos egipcios, lo que permitirá hacer un repaso a otros templos ya conocidos en un futuro. Kathleen Martínez está convencida de que la reina Cleopatra utilizó aquel templo y aquel enclave para ser enterrada junto a Marco Antonio como si de Osiris e Isis se trataran.

Hay que tener en cuenta que el enclave de Taposiris Magna, era en su tiempo, el templo más sagrado siendo construido por la dinastía griega de los Ptolomeos que gobernaron Egipto tras la muerte de Alejandro Magno. Está localizado en el límite de la ciudad, lo suficientemente lejos como para que los romanos que estaban en ese momento ya tomando el control de Alejandría con la muerte de su reina, no lo tuvieran demasiado en cuenta. Sabiendo que la propia reina pidió a Octavio en una carta antes de su muerte, ser enterrada junto a Marco Antonio, y que éste tuvo que ser traído hasta Alejandría tras su muerte, la teoría de Kathleen Martínez baraja, es que aquel lugar sencillamente estaba a las afueras, formaba parte de ese rito Osiris/Isis que la propia reina profesaba, y además está convencida de que si hasta ahora no se ha encontrado su tumba, es porque en el último momento se cambió la ubicación de ésta, siendo distinto el lugar al que el propio Octavio dio el permiso para su enterramiento tras su momificación, motivo por el cual, la historia perdió su pista impidiendo así también que pudieran ser profanados ambos cuerpos en su descanso eterno.

Con el Mediterraneo a la derecha y el lago Mareotis a la izquierda, Martínez está convencida de que la propia reina eligió ese lugar y esa ruta como su morada eterna, siendo un lugar estratégico  en los límites de la antigua ciudad, un lugar que la propia reina usó en vida para su culto.

Desde ese ya lejano 2005, se han ido destapando poco a poco más pedazos de historia de ese lugar. Los sondeos realizados desde ese año han destapado túneles que salvan los muros exteriores. El primer año de trabajo en la zona se saldó con la localización de un pozo y una serie de túneles y cámaras subterráneas.

En la temporada 2006-2007 un equipo egipcio-dominicano localizó tres pequeños depósitos en la esquina noroccidental de lo que parecía los restos de un templo osiríaco. El posible templo dedicado a Osiris quedó datado con el reinado de Ptolomeo IV, un siglo y medio antes que la propia Cleopatra. En 2007 se localizó el esqueleto de una embarazada muerta en el parto. Se han extraído y limpiado los huesos de un neonato que seguía aún en sus caderas. La madre tenía la mandíbula distendida, señal de agonía, y en la mano derecha sujetaba un pequeño busto en mármol blanco de Alejandro Magno. La mujer aún sigue siendo todo un misterio.

En mayo de 2010 se despejaba por completo  los restos del templo consagrado a Osiris, su orientación este-oeste ya lo indicaba. En el ángulo del extremo norte aparecían los restos de una capilla dedicada a Isis, y al sur, un foso rectangular, posiblemente un lago sagrado.

En seis años, se han recuperado más de mil objetos, de los cuales al menos 200 son muy significativos. Desde cerámica, pasando por joyas, monedas o cabezas de estatuas. De todos los objetos recuperados, bustos y monedas han aparecido con el rostro de la reina Cleopatra. Hay que tener en cuenta que en estos últimos cien años el único registro que poseemos de ella, es su caligrafía en un papiro donde se le concede a un ciudadano romano una exención fiscal, en el año 33 a.C.

Los trabajos se han centrado ahora mismo en un área que está intacta y en la que se ha encontrado un desnivel de treinta y cinco metros de profundidad excavado en la roca. La prospección se ha visto afectada al toparse con agua, por lo que va a ser necesario un  concienzudo y complicado trabajo extra para salvaguardar todo lo que pueda aparecer en la zona.

Han localizado además una enorme necrópolis en los extramuros, lo que indica que los súbditos de algún monarca quisieron ser enterrados allí. Y si eso es así, significa que quisieron ser enterrados junto a su tumba real.

¿Será este el lugar de descanso de la reina Cleopatra? ¿Logrará Kathleen Martínez, una abogada con vocación de arqueóloga, encontrarla? Si lograra algo así, sería el mayor descubrimiento en Egipto desde que Howard Carter sacara a la luz la tumba de Tutankhamon. Entraría a formar parte de la historia… Una amante de Egipto. Alguien que jamás puso un pie en el país de los faraones mientras investigaba aunque sabía todo lo que había de saber sobre su cultura. Alguien que empezó a buscar por devoción, y acabó sumergida en remover la arena del desierto realizando uno de sus sueños: excavar en un lugar donde, si todo apunta a corroborar sus teorías, yace el cuerpo de la última reina faraón de Egipto.

Alguien que logró mi sueño.

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Busto de la Reina Cleopatra VII


En busca de un misterio (1ra parte)


El Banquete de Cleopatra – Gérard de Lairesse

Son muchos los misterios de la historia que se mantienen hoy día como leyendas, esperando ser descubiertos. A pesar de la Era tecnológica en que vivimos, de los adelantos de todo tipo de materias y campos, hay cosas que permanecen a la espera de que alguien, con afán aventurero y  sabedor de buscar la verdad, lo encuentre.

Más allá de Indiana Jones o de Lara Croft, siempre he pensando cuando con paciencia me enseñaban en el colegio Historia Universal, que algún día, yo podría ser una de esas personas. O que si el destino hiciera que no fuera así, al menos participaría en un evento de tales características, aunque fuera desde detrás, en las sombras. La verdad es que me conformaba como verlo.

Durante años, he leído todo lo que ha caído en mis manos sobre esos grandes “doctores Jones” de la historia real. Nombres con Howard Carter, Champollion, Schliemann o Petrie por poner algunos ejemplos básicos de nombres que seguro a todos nos suenan. Todos ellos comenzaron con un sueño, lucharon por un objetivo y acabaron formando parte de la historia con sus descubrimientos.

Con el tiempo y la madurez… acabaron siendo para mí héroes en sus diferentes pedestales, y yo simplemente una ávida lectora de todas esas grandes historias. Y el tiempo, inexorable… sigue pasando.

Cleopatra- John William Waterhouse

Cleopatra- John William Waterhouse

Si cuento todo esto, es porque recientemente (cosa de hace varios meses ya, la verdad) y leyendo sobre una de las mujeres más importantes y enigmáticas de la historia de Egipto, llegó hasta mí un nombre. Pero todo a su tiempo. Comencemos por el principio que me llevó a este increíble encuentro.

Uno de esos misterios aún por desvelar precisamente, es la localización de la tumba de la archiconicida reina Cleopatra. Cuando mencionamos su nombre, seguro nos viene a la mente, Egipto, el cine, oro y lujo. También el amor, y la muerte. La verdad es que todo lo que rodea a la que sería la última Reina del Antiguo Egipto de la llamada dinastía Ptolomaica, es muchas veces leyenda. Pero toda leyenda ha sido historia en algún momento de alguna forma, de eso estoy completamente segura.

Por escritos antiguos, se sabe que Cleopatra VII fue una mujer con una gran cultura que llegó a aprender nueve idiomas, entre ellos el idioma egipcio de sus antepasados, además del griego, el hebrero, el sirio, el arameo y el latín entre otros. Fue instruida además en literatura, matemáticas, música, ciencias políticas, astronomía y medicina. Heredó el trono de Egipto cuando contaba con tan solo 18 años, junto a su hermano Ptolomeo XIII, de 12 años, que además era su esposo. Descendiente de reyes griegos (recordemos que su dinastía fue arrancada por uno de los generales de Alejandro Magno, Ptolomeo I Soter), subía al trono de Egipto, el país que la vio nacer, y acabó conviritiéndose en su reina, y lo hizo como mujer algo que en la historia de Egipto se pueden contar con los dedos de la mano. Según el historiador Plutarco, la reina era refinada y de modales dulces, además de poseer una sugerente voz que la hacia muy seductora.

La época que le tocó vivir a Cleopatra no fue precisamente fácil. Su padre, como rey no había sido precisamente querido dados los sobornos que se sabía obtenía de la entonces poderosa Roma. Para colmo, el país pasaba hambruna, y siempre estaba subyugado a la presencia de Roma que tenía clara visión en conquistar sus tierras por algo más que por su oro. Así que desde que se sentó en el trono, tuvo algo muy claro, sabía que políticamente debía negociar con Roma. Los dirigentes extranjeros solían adoptar las divinidades autóctonas, y Egipto no fue una diferencia. De ahí que en época de esta reina, se tuviera una religión mitad griega, mitad egipcia que ella fomentó aún más. El culto a Serapis, era uno de ellos. Dios mitad griego mitad egipcio y creado para unir ambas culturas, dado que es una mezcla entre Osiris y Apis (la forma del dios Osiris al morir, un buey). El caso, es que Cleopatra intentó por todos los medios, ser identificada como Isis.

En tiempos de Cleopatra, el culto a la diosa Isis llevaba siglos expandiéndose por el Mediterraneo. De ahí que la propia reina intentara ser vinculada a ella, y ser representada como diosa madre universal. Sus excarceos con Roma la llevaron, según los textos históricos romanos, a embelesar primero a César buscando impedir que Roma conquistara Egipto, y con quien tuvo un hijo (Cesarión), y después se enamoró del triunviro Marco Antonio (general y amigo del propio César), con quien tuvo tres vástagos más.

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Cleopatra y César – Jean-León Gérôme

Gracias a su unión a Marco Antonio, y que éste recuperó para Egipto, varios territorios además de poner a sus hijos en el trono, su país se engrandecía y Roma tenía que impedirlo.

Por todos seguro es conocido, como acabó la reina. Cuando fue hecha prisionera por Octavio (cuñado de Marco Antonio, al que odiaba por repudiar éste a su hermana con la que se había visto obligado a casarse, y tras vencerle en batalla) y viendo que el final que la esperaba era entrevistarse con un hombre frío y calculador al que no podría seducir, sólo podía verse  así misma como esclava en el reino de sus ancestros del que había sido soberana y que había llegado a engrandecer y ser tenido en cuenta como lo hicieran los faraones antepasados. Ahora su amado Egipto no era más que una provincia romana más, y su amado Marco Antonio había muerto, así que Cleopatra eligió morir y decidió suicidarse.

Hay varias versiones al respecto, una de ellas habla de la picadura de una cobra egipcia (áspid) que ordenó esconder en el interior  de un cesto de frutas que pidió traer a sus criadas. Otras versiones hablan de que sencillamente se suicidó al saber que Marco Antonio también se había quitado la vida arrojándose sobre su propia espada cuando le informaron falsamente de la muerte de ella. La verdad realmente es desconocida. Mi opinión siempre ha sido que todo en éste aspecto tiene pinta de leyenda. Como reina de Egipto, como portadora de su cultura, de sus costumbres, un suicidio era algo muy poco propio en un egipcio. Todo egipcio veía la muerte como el paso al más allá. Sólo hay que ver sus tumbas, sus cultos, para comprender como pensaban. Un suicidio, era condenarse a no poder pasar el jucio de Osiris, el dios de los muertos, y quedar condenado y perdido por toda la eternidad. Aunque cierto es, que sí se usaba como castigo, y que siglos antes que Cleopatra, Nitocris, reina como ella del país de los faraones, cerró el periódo del Imperio Antiguo con su propia muerte. Aún así, mi opinión es que la asesinaron.

De todas estas leyendas (con su posible o no transfondo de verdad) lo que sí se sabe es que la reina pidió ser enterrada junto a Marco Antonio y que así se hizo en el año 30 a. C.  cuando tenía 39 años. El lugar… todo un misterio.

Fue Napoleón en 1801, el primero que ordenó excavar a 50 kilómetros al este de Alejandría, en Burg al Arab, buscando los restos de la reina. Pero nada de lo encontrado allí lo guió a su última morada.

Desde 1996, arqueólogos submarinos han trabajado en el sitio donde descansa ahora su palacio, bajo el agua, frente a las costas egipcias del Mediterráneo, en la majestuosa ciudad de Alejandría.

Alejandría, la ciudad fundada en el 331 a.C. por el propio Alejandro Magno, ha sido el lugar donde la última reina de Egipto vivió y desde donde reinó como tal. La Alejandría de tiempos de la última reina, era una ciudad magnífica, con su faro de 130 metros de altura y su maravillosa Biblioteca de casi medio millón de papiros y que dependiendo de qué versión se lea, el propio César fue el culpable de su destrucción. Principal centro cultural y comercial del mediterráneo. Con una población multicultural de 350.000 habitantes…

El caso es que desde 1996, se piensa que el barrio real, los templos, palacios y jardines que se ubicaban en el puerto del sector de la ciudad fueron destruidos por una serie de terremotos, y los arqueólogos han localizado cada ubicación bajo el agua prácticamente intactas. Todo lo que la propia Cleopatra había visto con sus propios ojos. Los lugares por los que caminó, los lugares en los que rindió culto. Los pasillos del palacio donde amó, ordenó matar, e incluso veneró a los antiguos faraones que ahora la otorgaban su puesto al mando de un Egipto que parecía condenado como ella. Allí abajo, en las profundidades, está parte de su historia. Parte de su vida. Pero no está todo. Lo que aún no se ha localizado, es su lugar de descanso eterno.

Y en esta parte de la historia, es donde aparece el nombre de una mujer que busca precisamente a esta otra histórica mujer y del que he intentado empaparme, con toda la dificultad que ello conlleva.

Como Cleopatra, esta es la historia de alguien que con un rumbo que parecía marcado y un destino que soñaba, acabó dando un giro a su vida para alcanzar un sueño. Uno con el que por mi parte, se siento muy identificada.

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Cartucho Real con el nombre de Cleopatra VII


Can You See Anything?


Howard Carter

Howard Carter

Yes, wonderful things.

Esta fue la respuesta que dio Howard Carter, a sus compañeros de excavación el día que localizaron la tumba de faraón Tutankhamón en el Valle de los Reyes, tras lograr alcanzar el fondo de ésta y poder echar un primer vistazo a un lugar que hasta ese momento no había sido pisado por el hombre durante 3270 años. O eso creyeron en un principio, dado que se descubrió que realmente sí había sido profanada por ladrones al poco de ser enterrado. Aunque ciertamente, su expoliación fue menor a cualquier otra tumba del Valle de los Reyes en Egipto y sus descubridores pudieron rescatar gran cantidad de material de su interior. Sobre todo del propio lugar donde descansaba el faraón que no había profanado anteriormente por nadie.

Si por algo siempre he admirado a éste inglés es porque, aunque hizo uno de los descubrimientos más importantes del siglo XIX en Egipto, cuando ya se creía que no había nada que sacar de allí, lo hizo siguiendo un camino bastante poco común. No era un experto. Al menos no cuando llegó a Egipto con 17 años. Lo que se le daba maravillosamente bien al futuro descubridor de la tumba del rey niño, era dibujar. Su don le llegó heredado, y cuando se vio que tenía talento, se le envió al país de los faraones para precisamente dibujar todo aquello que otros arqueólogos de renombre sacaban de sus excavaciones. Así fue como Howard Carter se enamoró de aquella profesión. Cómo aprendió de otros de forma autodidacta, y como un día, le fue entregada la posibilidad de poder realizar sus propias excavaciones. Y fue respetado, aprendiendo en el terrero desde el momento en que pisó la tierra de los faraones.

Carter, Carnarvon, & Team Outside Tut's Tomb

Howard Carter, junto a Evelyn Herbert y Lord Carvarnon, así como el resto de ayudantes de Carter en el descubrimiento de la tumba de Tutankamon

De dibujar lo que otros sacaban de las arenas del desierto como Flinders Petrie, o Auguste Mariette, pasó a saber restaurar aquellas maravillas de la historia. Aprendió la lengua de los faraones de un lingüista como Alan Gardiner, toda una eminencia de la época, que estuvo presente en su descubrimiento años después. Y aprendiendo de ellos pasó a ser  inspector de Antigüedades. Cuando consiguió ese puesto, un noble también inglés puso sus miras en su trabajo, y decidió financiar la posibilidad de seguir sacando del suelo tebano, la riqueza que un día los faraones enterraron bajo su arena.

Un 4 de Noviembre de 1922 Carter lograba localizar la tumba de un faraón que hasta ahora, era prácticamente desconocido y todo un misterio. Junto a él, Lord Carnarvon y su hija Evelyn Herbert, inseparables en esta búsqueda lograron alcanzar la cámara funeraria del faraón totalmente intacta y abrirla al mundo el 16 de febrero del 1923, tras una limpieza absoluta antes de la zona, así como catalogación como jamás se había hecho hasta ahora de una tumba faraónica.

Howard carter y Evelyn Herbert en la tumba del rey Tutankamon

Siempre he tenido precisamente esto en mente. Desde que descubrí que había personas que habían podido llegar a ver no sólo sitios ocultos maravillosos, sino hacer posible desvelar misterios del pasado, buscando en su presente, para pisar por primera vez ciudades enterradas, asentamientos antiguos, o tumbas, como es este caso por primera vez en siglos. Y sin necesidad de tener que haber aprendido una carrera para alcanzarlo. Porque precisamente Howard Carter, con sólo 17 años, sólo sabía dibujar. Ciertamente muy bien, está claro. Pero todo lo que aconteció después se lo ganó a pulso aprendiendo de forma autodidacta. Y no sólo él, también Evelyn Herbert que como mujer, estar ahí ya era un triunfo. Un dibujante con un don especial para plasmar en papel aquello que veían sus ojos. Y dibujante que acabó teniendo el respeto de todo aquel que se preciara en la época de ser arqueólogo. Y que hoy en día, es recordado como tal.

Y descubrir cosas maravillosas… Completar esa línea en la historia antigua que aún queda por rellenar. Porque no todo está descubierto. Carter demostró a la gente de su época que ya no daba nada por lo que pudiera sacarse del Valle de Los Reyes, que aún había mucho que aprender de Egipto.

A día de hoy, aún hay muchos espacios en blanco de su historia. Y como una vez alguien me dijo: “Egipto dejará de ser un misterio el día que se haya extraído toda la arena que la cubre. Es cosa de una buena escoba”. Y arena tiene mucha.

Aprovecho para recomendar el nuevo libro (bueno, no tan nuevo, se publicó en 2012) de otro de mis autores favoritos en estos menesteres. He leído todo lo que ha escrito desde que comenzara su carrera. Amante incondicional de Egipto, su último libro, por primera vez, se centra en contar en formato novela (algo que hasta ahora con sus libros sobre Egipto no ha ocurrido nunca) precisamente lo que Howard Carter descubrió en 1922. La tumba de Tutankhamón. Nacho Ares, su autor, nos lleva a la época en que Carter echa ese primer vistazo al otro lado de un muro blanco un 26 de noviembre de 1922. Su preámbulo te traslada justo a ese momento, en el que hace un agujero en él, y mira lo que durante siglos lleva escondido al otro lado. Así se hizo historia, y así comienza su relato.

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